A menudo, para los niños es más fácil expresar rabia que otras emociones; por eso desde el trabajo terapéutico que realizamos en consulta, tratamos de no quedarnos con lo que “se ve”, con la punta del iceberg y consideramos que lo realmente importante es identificar, qué hay en su base, cuáles son sus raíces para entender realmente el problema y erradicar su causa.
Generalmente nos encontramos emociones como: tristeza, frustración, miedo, soledad, ansiedad, vergüenza, cansancio, dolor, inseguridad, celos…
Por eso lo importante es que tratemos de entender que nuestros pequeños todavía no saben regular sus propias emociones y la rabia es su forma para expresar el malestar que sienten, desde aquí, es más fácil que podamos empatizar con ellos y manejar la situación desde la calma.
Solo desde la comprensión podremos ayudarles a poner nombre a los que les sucede realmente y a regular su rabia de una una forma más saludable.
Sabemos que no es fácil y que no siempre tienes la energía y tranquilidad para conseguirlo.
Por eso tendremos que tener una dosis extra de paciencia y de constancia y pedir ayuda siempre que consideremos que no somos capaces de gestionarlo desde casa o sintamos que nos estamos desbordando, algo que es habitual que suceda en estas circunstancias.
Somos seres humanos y no podemos con todo, por eso es importante no juzgarse y simplemente ver qué herramientas tenemos para ayudar a nuestro pequeño de la mejor forma posible.

Texto, Judit Aranda
